lunes, 23 de marzo de 2009

La Iglesia y su sentido de la justicia


Ayer en El Universal fueron publicados dos artículos de opinión que, motivados por algunos sucesos recientes, denuncian no sólo la incapacidad de la iglesia católica para poder adaptarse a una realidad siempre cambiante sino, también, su continuo desprecio hacia la mujer, a su intimidad y a su capacidad para decidir por sí misma.

Por orden del Vaticano, el arzobispo de Olinda y Recife (Brasil) excomulgó a la madre y a los médicos que le practicaron un aborto a una niña de nueve años que, desde que tenía seis, era violada por su padrastro... éste, en cambio, no fue excomulgado porque, según ellos, ese acto -i.e., la violación-, no lo ameritaba.

Ignacio Solares nos recuerda, entre otras cosas, la postura de la iglesia frente al sida: “un hemofílico con sida no puede copular con su esposa en toda su vida, ni siquiera después del climaterio de ella, porque el condón es una forma de contracepción prohibida por Dios. Y si el hemofílico con sida no es capaz de guardar continencia perpetua, es mejor que infecte a su esposa en lugar de recurrir al condón”

Sara Sefchovich
denuncia las extrañas y paradójicas formas que tiene la Iglesia católica para hacer justicia en este mundo mostrando esa permanente falta de sensibilidad de esta gran institución hacia las mujeres.

Me parece que estos artículos apuntan a que estamos en presencia de una institución religiosa que, en la práctica, no trata a la mujer como individuos que poseen dignidad en sentido kantiano o como agentes morales, como dijera Rawls, o bien, como sujetos que merecen igual consideración y respeto, como diría Dworkin.

Por eso, sí al aborto y sí a la vida digna. Sí a los anticonceptivos y al derecho a disfrutar de nuestra sexualidad por placer y sólo por placer si así lo deseamos. No a la imposición de valores e ideales de virtud personal a otros individuos que no comparten la misma forma de pensar.

1 comentario:

Geraldina dijo...

Totalmente de acuerdo con tu afirmación final!
Sobre su mente y su cuerpo cada individuo es soberano...